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viernes, 1 de febrero de 2019

Vida cotidiana

LOS ALMOHADONES del sofá así me gustan

Cuando se matan de la risa

De mi neurosis por querer acomodarlos

Y mis nervios se desincrustan por el mero hecho de asumir

Que soy la pieza y no quien arma el puzzle.

Cierta vez lo intenté organizar, ponerle un par de

Almohadones a mis tropiezos

Pero disfruté tanto la caída

Que postergué al comité consejero y olvidé que el llanto

También me dolía.

Mi hogar es un fogón.

Mi rato libre es un instante clavada en el sillón que no es mío.

Lo pago en cuotas, como a la vista de este balcón que da a la avenida.

Allí afuera, no hay cojines, hay cojones

Aquí dentro son piedras las que decantan sobre mi semblante,

Lo que daría porque las agobiase el agua salada

No tienes idea

Porque tú solo vigilas tu ombligo.

Para mí lo de dentro y lo de fuera siempre fue lo mismo,

Qué tristeza que carecen de cojines las piedras

Qué pena que aún hay vacantes para los cojones en la avenida.

La vida me gusta así, desprolija, caótica

Como el viento del otoño que da en tierra miles de hojas

Que se llevan mis ojeras anotadas en todas ellas

Porque anoche inacabable lapso me quedé pensando

Si mis confusiones

Si mis ambiciones

Si mis desvelos

Determinado día serían más pequeños que las ilusiones marchitas.

Pregúntale a la decadencia del invierno quien acortó mis días

Quien llevó consigo un pedazo que no le corresponde

Pretendiéndome suya por siempre

Quién sabe, si él sabe

Que acarreo despierta unos cuantos lamentos del pasado noviembre.

La estantería vacía me agrada

Porque no soy sabia por si mi hogar está repleto

Sino por lo que lo habita

Porque antes de vivirlo alguno

Lo elijo yo misma

Lo habito yo desde dentro

Habiendo visto su horrible portada

Intuyendo su reseña embrollada sin leerla.

Si él hubiese sido un libro y yo su protagonista

Hubiésemos sido bestseller

Viviríamos en una librería colmada de lindos recuerdos.

Mi futuro no me disgusta por cuan provechoso

Y por lo tanto no le tengo miedo

El miedo es un amor tóxico que se olvida

Si perdés el desprecio

Y le sentís el sabor a la vida

Y das con un nuevo comienzo

Y comenzás a celebrar

De que no te podés privar de la bella gala

De ver cómo caen las hojas lúgubres del triste otoño.

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